CUANTO MENOS HUELA A POLÍTICA, MEJOR.





Lo que comunicamos...

Los responsables de la comunicación política en cada una de las tantas campañas electorales a través de los tiempos, se preocupan cada vez más en los elementos diferenciadores de sus estrategias, pues ya es bien aprendido que todas las campañas "deben" ser diferentes; que al 92% del electorado no les llama la atención enterarse de temas que sólo excitan a los políticos. 

Migraciones de un partido político a otro, los ecos de promover un hecho en el que se favorece y se deja de favorecer políticamente dentro de una organización partidaria en medio de una campaña o fuera de ella, etcétera, representarán temas que adquieren una precoz relevancia mediática y recrudecen el resentimiento del ciudadano común hacia la política y no sólo reduce la aprobación tanto de los candidatos que pudieran ser de su preferencia o no, sino que también genera repudio a toda la clase política porque es muy notorio que el ente político, en lugar de proyectar un auténtico y sincero interés por el bienestar común de los ciudadanos, sin darse cuenta, deja evidenciado que en él prepondera el interés particular y es precisamente ahí donde se afecta ejercicio mismo de la política como tal, convirtiéndose en cómplices del daño que tiene sumergida la imagen de la clase política.

 Los políticos y sus asesores se dejan cautivar por la efervescencia del morbo ante una inmensa necesidad de promover sus candidatos como si no les importara el rechazo que generan con sus acciones. 

En una campaña política, la importancia de las investigaciones se marca de manera muy puntual y a través de ellas los estrategas descubren los temas a incluir en el discurso del candidato con los que se pretende impactar al elector común, refiriéndose con propuestas a las posibles soluciones de los problemas que más les afectan al ciudadano. 

Luego que se determinan las necesidades de la gente, se fragmenta un mensaje para cada segmento de la población a los que se quieren alcanzar. Se eligen los medios más idóneos para llegar a dichos segmentos y se dosifican de la manera más oportuna posible de acuerdo al nivel de campaña en el que se trabaje y el alcance de los medios de comunicación de la zona geográfica donde se libre la contienda electoral. El mensaje debe ser revestido (por lo menos durante esta etapa de crisis por la que atraviesa la política hoy en día) con elementos más cercanos al ser humano y distante de un matiz puramente político, por lo tanto cuanto  menos huela a política, mejor.


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